Otro día en el infierno

Hola. Luego de tantos desvaríos e inconsistencias, de una semana algo extraña pero divertida (en la que, sinceramente, no hice el caso debido al blog... mejor admitirlo), heme de nuevo en lo que podría ya llegar a llamar la vida normal... la escuela. El detalle no sería nuevo, ni siquiera me importaría dejar lo inerte de las vacaciones a cambio de un poco de trabajo, pero hoy hay una pequeña diferencia que me ha hecho pensar en muchas cosas, plantearme algunas situaciones y reflexionar más de lo común, al grado de que hoy no pude encontrar un tema decente para publicar como entrada (y mira que en la escuela es sencillo encontrar un tema, raras veces es lo mismo). Resulta, sin sonar pretencioso (sino todo lo contrario), que este es mi último semestre en el que llevo clases, lo que significa que cada día está contado, que las vivencias buenas y malas, útiles y estúpidas, dejarán de ser parte de mi vida luego de estos seis meses... ando algo nostálgico, no puedo evitarlo, supongo que es normal para todo el que ha pasado más de la mitad de su vida metido en centros educativos, o para el que ha disfrutado en sobremanera de varios momentos, que considera parte de su vida el mundo escolar.
Pese a ello, me emociona un nuevo comienzo y lo que éste pueda conllevar. Siempre es emocionante entrar en aguas nuevas y ver rostros nuevos, aunque desgraciadamente algunos viejos se vayan difuminando. Nos guste o no, así es la vida, como si se tratase de un libro: vamos pasando por páginas, dejando eventos e imágenes atoradas entre las pasadas, llenando actuales en blanco de posibilidades y pensamientos varios, buscando escribir la historia que una vez soñamos.
Sin embargo, hay mucho en esos tiempos pasados que no podemos dejar sin más, personas que dejarán una huella que traspase la barrera de la distancia y la frecuencia, gente que simplemente no olvidarás. Pienso en la oportunidad que tengo hoy y a la vez en las que me quedan, y me sirve para darme cuenta de lo afortunado que soy por estar consciente de ello, por tener el privilegio de aprovechar estos días, no como si fueran los últimos, ¡Son los últimos! Es por eso que he decidido no molestarme con nimiedades como el estrés, la carga de trabajo o esas largas horas sin probar alimento, pues luego no habrá manera de quejarme cuando no las tenga y las añore. Los amigos y enemigos, los días nublados y también los calurosos, todos son diferentes dependiendo de la situación, y esta podría ser la mejor época de la vida, pero eso lo sabre cuando ya hayan pasado las demás y pueda emitir un juicio (aunque bien dicen que cada quien puede hacer de cualquier época la mejor, no le confío tanto a mi sano juicio).
Por estos motivos, no me explico la enorme cantidad de personas que maldicen a su suerte por la vida que tienen actual, de una manera u otra, es la vida que has elegido (por decisión o por omisión, ese ya es otro asunto), así que acéptala y, mejor aún, quiérela, luego que hayas cambiado la recordarás con cariño, pensando en lo que fue y en lo que no, porque hablar del clásico "nunca me he arrepentido de nada" es patético, todos tenemos algo, un detalle, que hubiéramos querido hacer diferente. Por cierto, no por eso no debes de disfrutar de tus pasos y de donde estás, la cuestión es recordarlo hoy, y no cometer los mismos errores.
Una famosa frase nos dice que no se disfruta de la cima de la montaña, sino del trayecto hacia ella, y eso es precisamente lo que me he propuesto hoy: hacer las cosas con lentitud, encontrando lo agradable a cada instante e intentando a su vez hacer todo lo mejor posible. No digo que será perfecto, pero será una vida digna de vivirse.
Y tu vida, ¿Cómo es? Más importante aún: ¿Cómo te la tomas?
Si crees que vives en un infierno, prepárate, mañana te queda otro día en el infierno, así que sonríe y disfrútalo, luego lo vas a extrañar.
Me despido, hoy no tengo la coherencia que suelo tener normalmente, tuve que levantarme temprano y ese es un pecado que no estaba acostumbrado a cometer en vacaciones, y que me atrofia las neuronas más de lo debido.
PD: Con el regreso a clases vuelve la normalidad al blog, las entradas estarán llegando normalmente sin los contratiempos de compartir computadora o falta de ancho de banda... a menos de las consabidas excepciones de una vida normal, que discutiré según sea el caso, quien sabe, pueden ser oportunidades para próximas entradas.
PD2: La entrada de hoy estaba planeada para ser otra, pero debido a un traspapelado y la mencionada nostalgia, terminó siendo ésta, así que el miércoles se encontrarán con la que debió haber estado hoy.

Nostalgia Cap. 15

XV: Crucifícame.
Dormía, no sabía si soñaba. Falcon se encontraba derrotado. Los sucesos en la enorme fortaleza oxidada le estaban destrozando la salud mental. Cada vez eran más frecuentes los golpes a un cuerpo inerte que trataba de sacar a flote los sentimientos que dolía reprimir. Pero no iba a dar marcha atrás: desde la creación del diario, todo estaba destinado a la catástrofe. Pero el dolor no era lo único; los recuerdos recientes eran una llaga fresca, cuencos vacíos de tanto sangrar donde moraba una esperanza muerta.
Estaba sentado, en la soledad de su habitación. Con el pequeño libro de su desgracia en el regazo, pensaba en los incidentes que lo orillaron a ese estado. Uno acudió en el acto a la cita.
Eran los inicios de su compañía, se encontraba sólo en las ruinas de lo que fuera Din . A cada paso que daba, la niebla y el polvo se alzaban con rapidez. Nadie en la redonda, excepto el eco y los árboles secos del último invierno, que no volvieron a renacer jamás. Él mismo llegó a prohibir el paso por esos lares dada su peligrosidad biológica y lo abandonado de la zona, pero una situación ameritaba romper toda norma escrita.
El lujoso automóvil que tenía había quedado atrás, pues el camino era imposible de transitar en el estado que se encontraba. Los lentes que cubrían su identidad le impedían ver, pero si alguien llegaba a encontrarlo en ese sitio, no perdería la oportunidad de sacar partido a ello. Los asaltantes y criminales eran fieles merodeadores del lugar, y era seguro que reconocerían su rostro.
El frío caló hasta en sus huesos. Fuera del clima controlado de la ciudad, era un crudo invierno holocaustico, del que ya no muchos se acordaban. La niebla densa que cubría el petrificado bosque era producto de la contaminación tan fuerte, envuelta con los desastres ambientales que se habían suscitado de pronto.
Recordó la llamada. El día anterior, una misteriosa voz le pidió asistir a una dirección de la antigua Din, donde hablarían sin testigos. Si su memoria no le fallaba, esa voz era de la causante de tantas cosas en su vida, y ahora ésta dependía de esa cita.
Caminaba con dudas, como un jovencito que va a salir a conocer al primer amor, con el impulso de salir corriendo. Pero no iba a hacerlo, no en vano habían pasado tantos años, ni había logrado tanto para huir al final. A pesar de no estar escrito en el diario, era un cambio de planes que aceptó gustoso.
Llegó a la dirección marcada: una casa abandonada, al igual que todas las de la ciudad. Sus habitantes fueron trasladados a Nueva Din, luego de la catástrofe atmosférica en que se vio sumido el país. El hogar seguía conservado a pesar del lógico deterioro. Todavía se podía leer en la placa de la puerta, con grandes letras doradas “Familia Von Perr”.
—Hola Falcon, me da gusto que hayas tenido oportunidad de venir —se escuchó una voz escrupulosa dentro, acercándose hacia la puerta.
El pulso de Falcon se aceleró, mientras se descubría la silueta de Marian entre la niebla. Seguía tan hermosa, tan indescriptible, perfeccionada por el paso de los años y la entrada de la juventud. Algo opacaba esa finura: una mueca de tristeza perpetua.
—Hola, no tenía idea de que siguieras en la ciudad —dijo Falcon, fingiendo no haber pensado con antelación que se trataba de ella. Recordó que su familia se marchó de Din, cuando la compañía de Falcon derrocó a la del patriarca Von Perr.
—Volví yo sola, no resistí vivir en otra parte que no fuera mi hogar, pero no pensaba encontrarlo así.
—Han pasado muchas cosas, si quieres un lugar donde quedarte, puedo ofrecerte mi humilde hogar —dijo él, quitándose las gafas por educación. A pesar de su fingida dureza, no podía controlar su corazón acelerado, ni la idea de ser feliz al lado de ella.
—Ya encontré donde quedarme en Nueva Din, pero muchas gracias. Te he citado hoy para hablar de cosas “diferentes”.
Falcon mostró confusión, acercándose a Marian y sentándose en una roca, olvidándose del costo de su vestimenta. Ella, de pie, comenzó a contarle una historia, sobre un joven que perdió los estribos conforme iba obteniendo más poder económico, político, y social. Cómo pasó por encima de las leyes y de sus seres queridos para saciar una infinita sed, llegando al extremo de llevarse tras él a la naturaleza, y a un legado familiar. Cómo se olvidó de todo, incluso de él mismo.
—Deja de fingir, sé perfectamente de quien estás hablando —dijo Falcon molesto, poniéndose de pie con intención de marcharse.
—No intento regañarte, nadie puede juzgar tus actos, solo quiero que me respondas algo, luego puedes olvidarte hasta de que me viste —dijo ella, recurriendo a la ternura.
Falcon volvió a tomar asiento, como muestra de aceptación, aunque al escuchar la pregunta, deseó haberse marchado.
—¿Haces esto porque que me amas?
Un colosal escalofrío. Momentos de años atrás, cuando era inocente y le daba pena pronunciarlo en público volvieron. Miró esa tierna cara, esos enormes ojos del color de la noche. No podía negarlo, no con esa mirada frente a frente.
Su boca estaba por afirmarlo, cuando el eco de una piedra resonó dentro de la destruida casa. Su intuición levantó la guardia y caminó hacia adentro, dejando a Marian sin respuesta.
Dentro, maldiciendo su suerte, se encontraba un viejo conocido, que no hizo más que sonreír al verse descubierto. Se borró la mueca de su rostro al ver un arma de fuego apuntándolo directamente.
—¿Qué estás haciendo aquí Albert? ¿Sabías de esto?
—Yo lo organicé— dijo con voz asustada —¿Cómo crees que Marian obtuvo tu número de teléfono? Estaba preocupado por ti, y pensé que ésta era la mejor manera de ayudarte.
Falcon bajó el arma, sintiendo a Marian tras él, emitiendo un asustado gemido.
—Falcon, queremos ayudarte, sabemos que no estás bien —Marian se esforzaba, pero su voz temblaba por algún motivo.
—Hay muchas cosas que deben aclararse, pero todo llegará a su debido tiempo— Falcon no estaba dispuesto a desnudar su alma con Albert ahí, ya el ambiente de tranquilidad se había roto.
—¡Somos tus amigos! ¿Qué tiene de malo en que nos intereses? —Albert se le acercó, esperando comprensión de parte de su conocido.
—No mientas, en algo has de querer que te ayude, y no lo haré —le respondió antes de darle la espalda, y emprender el camino de regreso.
Mientras pasaba por donde se encontraba Marian, le murmuró, casi en un suspiro— crucifícame, pero no me obligues a decírtelo… —Marian se extrañó con su respuesta, pero luchó por no hacer mueca alguna, para no advertir a Albert. Ya sin Falcon, éste dejó de fingir.
—¡Qué se cree ese engreído! ¡Mira que venir a una cita con una pistola!
—No debiste haber venido, no sirvió en nada.
—¡Tú que vas a saber! Solo tenías que averiguar porque Falcon actuaba extraño. Ya luego podríamos volver a controlarlo como antes, ¡Pero te distrajiste!
—No fue culpa mía, ni de nadie, estamos haciendo mal al querer manipularlo. No quiero seguir con esto.
—¡Qué bueno, porque no lo harás! Ya me arreglaré con Lizzie cuando aparezca. Tú… vuelve a dondequiera que estabas.
Afortunadamente, la llevó de vuelta a Nueva Din sin más reclamos, donde se pagó una habitación de hotel. Pensó en llamar a Falcon para hablar de nuevo con él, esta vez sin intermediarios. No podía apartar de su mente aquellas palabras que le susurró.
Eran crueles, pero el mensaje era obvio. Optó por no llamarlo, el destino habría de poner a cada uno en donde debía. El diario se cumplía paso a paso, manipulando un mar de sentimientos con dirección a la nada, como se llegó a ver. Ya en los últimos segundos, recordó su error en no haber enmendado aquella cita y cambiar la historia completa. Pero no hay una segunda oportunidad en la tierra para aquellos que se obligan a la soledad.
Al pie de la letra, Marian lo crucificó con tal de no hacerlo hablar, el resto lo hizo él por cuenta propia.

Detalles

Hoy, antes que nada, les debo la enésima disculpa por no publicar, ¿El motivo? Las emocionantes aventuras que se llevan a cabo semestre con semestre, debido a la odisea que representa en mi escuela el proceso de inscripción, que va desde una innecesaria vuelta al departamento de recursos financieros por un comprobante que al final no te piden, hasta pelear por abrir grupos de materias que, supuestamente, estaban planeados desde principios de diciembre. Pero luego de pelear un par de días con la burocracia que circunda sobre el sistema educativo nacional, por fin pude obtener mi horario de clases (¡Las últimas siete materias de mi carrera!) y heme aquí, disfrutando de los segundos agonizantes de éstas vacaciones que se fueron en poco y a la vez en mucho, aunque fueran nada más los momentos vividos cada fin de año al lado de la familia, que cabe destacar, ni son todos buenos ni tampoco malos, son simplemente vivencias. Con un poco de nostalgia por los momentos que se marchan, hoy he decidido ponerme algo serio para tratar un tema simple con un mensaje profundo, ¿Por qué? Por que no todo el tiempo estoy criticando o peleando con el mundo... aunque la mayor parte del tiempo lo parezca.
Una vez escuché una frase, de la cual no puedo dar crédito porque desconozco a su autor, pero decía a grandes rasgos lo siguiente: "los hombres terminamos con nuestra salud esforzándonos para obtener dinero, luego perdemos ese dinero para recuperarla". Suena gracioso, pero es un credo para un sinnúmero de personas, normalmente aquellas que viven esperanzadas al mañana ¿Alguna vez has escuchado la frase "la vida es mejor después..."? Puede ser después de ascender en el empleo, de obtener uno mejor, de terminar los estudios, de andar con la chica que te gusta, de dejar de hablarle a ciert@ sujet@, etcétera. Supongo que es naturaleza humana, pero la mayoría boicoteamos el presente como por acto reflejo, pasando los días en espera de algo mejor que creemos llegará, pero cuya seguridad no es del todo cierta. Aquí podría divagar por horas en cuestiones de frustración y casos de depresión (solía ser una de mis especialidades), pero por hoy quiero ser optimista.
¿Qué tan difícil puede ser dejar de vivir lejos de la vida misma? Cada mañana se nos obsequian veinticuatro preciosas horas, que si bien no todas son nuestras ni totalmente libres, con unas ocho que de ahí se deduzcan sería más que suficiente para ser y hacer feliz. La vida se concentra en algo que va más allá de detalles que encuentro banales, como acaudalar riquezas o el mencionado trascender. El primero es completamente inútil (el dinero es un medio, no un fin), y el segundo es una idealización de algo sencillo, pues se puede trascender de tantas maneras que solemos dejar a un lado por considerarlas innecesarias. Dicen que trascender es dejar huella, pero no notamos que podemos dejar una enorme huella al ayudar a un anciano a cruzar la calle, a un niño a alcanzar un producto de un anaquel alto en el supermercado, cediendo el asiento a una persona incapacitada en el autobús... tu marca dejada en esas personas es mucho más significativa que cualquier otra nimiedad que consideres importante, ¿Cómo? Nada más acuérdate de alguna vez que hicieron desinteresadamente algo bueno por ti, recuerdas bien a la persona, ¿No?
Hay pequeños instantes en el diario caminar, migajas de segundos atesorados en la memoria, supuestas insignificancias que no podemos olvidar. Pueden ir de un simple "hasta luego" de alguien que no esperábamos hasta la sonrisa obsequiada por el ser amado, pero su efecto es el mismo: no serán olvidadas. Esa clase de cosas, esos detalles, son los que, personalmente, considero que son la esencia de la vida misma. Lo que nos hace tener un nuevo amigo, lo que nos permite forjar otro sueño, lo que no esperábamos encontrar y que nos robó un suspiro... tantos instantes que parecemos no notar, pero que forjan secretamente una actitud conforme transcurren las horas. De nosotros depende, entregarnos a los placeres de las situaciones buenas, por llamarlas de alguna manera (las que nos provocan felicidad, pues), o al veneno de las malas. No es que hable de la archiconocida ambivalencia entre el bien y el mal, se trata de una cuestión de comfort personal, de sentirnos bien con nosotros mismos, y de tener el mente que el desear el mal ajeno solamente alimenta úlceras y otros males en nuestro cuerpo.
Disfrutemos de los pequeños detalles, de esos momentos que colman los días y que no parecen darse cuenta de su propia importancia. Hagamos de cada día algo importante, una vivencia digna de paladearse días después, cuando estés en la cima de la montaña y quieras recordar con cariño el camino cuesta arriba, porque no estarás verdaderamente arriba si no eres capaz de inclinarte ante tu propia verdad. Entonces, sólo entonces, podrás decir que tu vida fue verdaderamente feliz.
Parece que hoy no tengo mucha capacidad de sostener un hilo coherente, pero bueno, esta palabrería se debe más que nada a los pensamientos que me han rondado hoy, luego de notar que este es el primer día de los últimos escolares que me quedan. No sé ustedes, pero yo sí pienso hacer rendir cada momento, sabiendo que cada uno no volverá jamás (y quiero tener la certeza de que fue bien vivido). Sin más que agregar, nos leemos en otra ocasión...

Nostalgia Cap. 14

XIV: Esclavos De Su Propia Ilusión.
¿Qué podía mantener a un joven atado en el tiempo? Para muchos que viven sumidos en los mejores días de su robada juventud, esa sensación de haber sido feliz alguna vez los convierte en esclavos de su propia ilusión. Así se encontraban muchos, pero cada uno a su personal manera: tristeza, felicidad, un dejo de nostalgia entre los dedos. Nadie igual que otro.
En esa precaria situación estaba Riddick. No encontraba un motivo para ver un nuevo amanecer en la actual situación. La escuela era una obligación casi esclavizadora; los compañeros de ésta, una soberana decepción. Porque, para aquellos que han experimentado la verdadera amistad, no pueden conformarse con las migajas de la juventud de moda, tan superficial.
Mirando hacía el techo de su habitación, recorría con la mirada de nuevo los pasajes olvidados, tratando de evocar los más preciados momentos de entre lo demás. Afuera, la lluvia le impedía salir corriendo, buscar a los que fueron sus amigos, y recuperar pedacitos de lo que fue la gloria.
—¿Como dejar atrás todos esos recuerdos? —se decía a sí mismo, cuando escuchó que alguien tocaba con perturbadora insistencia la puerta, al grado de llegar a irritar.
Cuál no sería su sorpresa, al encontrar del otro lado de ésta, al que menos esperaba ver. Guardaba la secreta intención de ver a Wingen, a Paul, incluso a Falcon, pero jamás a Albert, que mojado le pidió permiso para pasar, pues el agua arruinaba su complicado peinado.
—¿Qué te ha traído para acá? —le dijo, no obstante confuso.
—No lo sé, solo me dieron ganas de venir a visitarte —le dijo Albert con una enorme sonrisa.
Albert tenía la gracia de desconcertar hasta a sus padres. Un día era el mejor amigo, y al siguiente podía ser una espina en el zapato. No lo había vuelto a ver desde que amenazó con irse del país para no volver, y regresó quince días después, con un semblante de grandeza formidable. Llegó a ser la persona más relevante dentro de la escuela.
Lo pasó a la humilde sala, y le ofreció sentarse. No había nadie más en la casa, y el eco de sus pasos se escuchaba hasta el último rincón. Riddick fue por una jarra con agua de frutas, y Albert rompió el incomodo silencio.
—La verdad, tenía ganas de saber de ustedes, ya que son tan maleducados que no vuelven a dirigir la palabra a sus antiguos camaradas de batalla.
—No es mi intención, es solo que la escuela me consume, tú has de saber —en realidad, a Riddick le importaba un rábano lo que fuera de la vida de él y de algunos más. A pesar de ello, le alegraba de alguna manera tener con quien hablar.
—El otro día fuimos unos cuantos a la tumba de Vivas. Pensé en invitarlos, pero Lizzie dijo que si ustedes querían irían por su propia cuenta, pues ya hace dos años de su fallecimiento.
Riddick recordó al desordenado occiso, y sintió un nudo en la garganta. No era de su completo agrado tampoco, pero nadie lo era en realidad.
—La verdad, ya ni me acordaba de él…
—De verdad que hay muchos que no tienen sentimientos, mira que olvidarse de tus viejos amigos, de los momentos más bellos de su vida, y seguir como si nada —dijo antes de beber un largo trago del jugo que se le ofreció, luego prosiguió—. Yo sigo viendo a muchos de nuestros amigos, y me siento feliz de hacer un esfuerzo por seguir unidos.
La charla se convirtió en una riña, que concluyó con un Albert molesto, que no entendía lo hueco de los comentarios del tímido Riddick. Éste, por su parte, no era capaz de demostrar lo mucho que extrañaba el pasado, y esa era su clásica defensa contra aquello que no conseguía controlar.
En medio de la lluvia, Albert se marchó, no sin ultimar su discurso.
—Si cambias de parecer, sabes donde vivo, tal vez podamos ir a alguna parte.
Riddick asintió secamente, cerrando la puerta. Es tremendamente duro mantener una manera de ser cuando en realidad no se es así. A eso son guiados muchos por timidez.
En una cafetería cercana, Albert se resguardaba de la lluvia, bebiendo de un aromatizante capuchino y mirando pasar presurosos a los mojados transeúntes a través de la ventana, cuando vio entrar al mismo establecimiento a un viejo conocido. Con un ademán de bienvenida llamó su atención para que se acercara.
—¡Carden! Viejo amigo, siéntate, deja te invito una bebida.
—Muchas gracias, viejo, si vieras que gusto me da verte.
Dialogaron por varias horas, hasta que la noche dio con ellos, y la lluvia decidió cortarse de tajo. Las tazas sucias sobre la mesa eran muchas, y la cuenta ascendía, pero entre los dos la solventaron.
Carden era, en una palabra, insoportable, justamente la especialidad de Albert. Él era capaz de obtener lo que quería de cualquier persona, mérito que le otorgó el cargo de presidente del comité de alumnos. Sabía que la amistad a Carden le convenía, y mantenía una relación agradable por ello.
Riddick era todo lo contrario, el polo de un imán que repele a todos sus semejantes por naturaleza. La enorme diferencia entre ellos dos, era que Albert ofrecía amistad corta y benéfica, como un negocio. Riddick, en cambio, ofrecía un lazo imborrable. Los frutos de ello también eran distintos. Uno obtenía placeres, influencias. El otro, la nostalgia de haber entregado un trozo de su vida, y ver pasar el tiempo y la amistad desvanecerse.
Riddick, como muchas otras almas sensibles, eran esclavos de una fantasía, irrepetibles, que no tuvieron cabida dentro de la nueva creación.

He descubierto algo extraño en mí...

Tengo que reconocerlo, todas las personas tenemos errores, nunca lo he cuestionado, pero el detalle que estoy por revelar a continuación sobre mí mismo va más allá de lo que una vez pude haber llegado a pensar sobre lo que un día sería y lo que no. Admito que de pequeño pensaba que yo no sería de ese tipo, que cualquiera era capaz de cometer semejante error, pero yo, ¿De qué manera? Si mis principios morales estaban por demás definidos y nunca me he considerado de tan mal gusto o corto criterio. Pero pasó, algo en mí cambió en un instante, tal vez con los cambios de la adolescencia o con la temprana madurez que creo poseer(ingenuo...), el caso es que terminé convirtiéndome en uno más con ese tremendo error contra la naturaleza humana y todo lo que es bello y una vez dejó de serlo. Me convertí, sin más, en una de las grandes plagas que ha azotado a la humanidad, por la que se han matado a más personas que con ninguna otra en todos los tiempos, culpable de guerras, desolación y tantas cosas que no son dignas de llamarse humanas, pero lo son en realidad por que el hombre en sí es indigno. Aquí, públicamente, quiero confesar el colosal defecto que me encontré últimamente, luego de vagar las horas en la nada y de pensar en la inmortalidad de los seres inanimados que una vez imaginé. He de reconocer que no lo quería en un principio, pero luego que lo admití, tuve conocimiento de su ambivalencia, incluso llegó un momento en el que me agradó, para luego convertirse ya en un placer. Supongo que ya estarás aburrido, pensando en que ta igual saber mi confesión o no, pero aquí te va ya: soy un racista.
Está dicho, soy grosero con cierto tipo de personas diferentes a mí, las considero poca cosa y suelo ser cruel en lo posible con ellas, poniendo en evidencia lo que las considero a cada instante que tengo oportunidad. Pero no me malinterpreten, ni siquiera en mis errores me considero una persona normal. Mi racismo no es contra ninguna de las clases que lo han sufrido masivamente en los últimos años, sino contra una muy rara especie, que salió de la nada y se reprodujo a una velocidad poco vista en estos tiempos. Todos los que una vez estime hoy están podridos por esa peste, provocando en mí ese horrible sentimiento de hacerles sentir lo poquita cosa que son (disculpen, lo que yo considero que son), y terminando enfrascados en contra mía o tachándome de ignorante y fuera de moda. Antes de que piensen mal, no, no se trata del Facebook (aunque ayer asesiné mi cuenta en un arranque de desidia y aburrimiento... sí, ya sé que esa cosa no se muere ni con agua bendita, pero al menos ya no está ahí para que veas mis fotos la navidad pasada), aunque viene encadenado con esta lepra de la sociedad, que ha convertido el miedo de los nerds sobre un apocalipsis zombie en un juego de bebés: las playeras aéropostale (sí, con acento en la e aunque esté en inglés... nada más la gente "in" se puede saltar las reglas gramaticales) y toda esa clase de marcas ultra caras que se ven en todas las personas que circulan por la calle, por auto ¡y en cualquier maldita parte de donde sea! (tranquilo... analicemos las cosas de una manera más fría, y esperemos que logres comprender mi punto de vista).
Las susodichas prendas no tienen nada del otro mundo: playeras con o sin cuello, de manga larga o corta, de hombre o de mujer... nada de diseños exóticos, solamente una máxima que debe aplicar para que esté a la moda: debe decir la marca de fabricación en cualquier parte de la tela, grande y destacada, para que todos sepan que pagaste una buena lana por ese trozo de costuras (o para hacerles promoción gratis, da la misma). Si tu pecho no dice una marca de renombre, eres un dinosaurio sin gracia que no verá jamás el amor verdadero, te pudrirás en la eterna pobreza, no se te acercará nadie y se le caerá el cabello a tu mascota (hasta los dioses estarán en contra tuya). Así de sencillo, ahora el mundo depende de que todos estemos uniformados con viles playeras que serían de lo más común, pero que tienen que decir una marca, ¡Maldita sea!
Pude haberlo pasado en un principio por alto, pensando que los fresas son estúpidos y pagan lo que sea por lo que ellos creen que está a la moda (uniformarse como los demás simios que, como ellos, se creen la gran cosa porque sus papis tienen dinero), pero luego se propagó a los demás sectores de la sociedad joven, que va desde aquellos del "encuentro cercano del tercer tipo" (ya saben, los que en México llamamos vilmente cholos... esos que usan ropa extra ancha, escuchan rap/hip hop/reggaeton y mugres de esas) hasta uno que otro rockero "nice", y seguramente los rastros que quedan de los emos las usan (que no harán esos hijos de su bendita madre). Hasta ese grado, seguía siendo ligeramente aceptable; dije: "esos grupos siempre han sido raros, nunca te ha gustado su manera de vestir de todas formas, así que déjalos ser y gastar a lo menso". Pero entonces vino la gota que derramó el vaso: ¡Todos utilizan esa ropa! Como viles esclavos del consumismo (¿cuando?), caminan uniformados de un lugar a otro, como dije anteriormente, haciéndole promoción gratis a una marca que no lo necesita, contagiando de su peste a todo lo que se encuentra cerca, y marginando al que es diferente a ellos, señalándolo con el dedo y mirándolo cual bicho raro. Lo que más me castra de esto, es que hay personas que simplemente no tienen los recursos para solventarse un estilo de vida con prendas de tan alto precio, pero exprimen hasta la última gota de sus pobres padres, que tienen que cumplirle el sueño a su vástago, para que no se traume porque todos lo ven raro o porque sea diferente (no es diferente, simplemente no tiene dinero para desperdiciarlo en esas cosas). Es sinceramente injusto que alimentemos a los peces gordos de la industria con semejante estupidez.
Pero eso no es motivo suficiente para forjar el concepto de racismo al grado que lo he tenido yo. He estado estudiando a las personas que terminan utilizando prendas de ese estilo, y luego de una exhaustiva investigación de dos días (no necesité más, la verdad estaba ante mí), pude llegar a una sencilla conclusión que consta de dos puntos:
  1. Hablan solamente con otros de su misma nueva raza.
  2. No tienen más de un par de neuronas.
Curioso, ¿No? Esta clase de sujetos se la pasa hablando, desconozco si antes o después de ponerse las prendas, solamente de gastos inútiles como antros, fiestas, cerveza, mujeres (con ropa de marca, por supuesto), estupideces, dinero, lujos, tonterías, paja, paja y más paja... ¡Nada de sentido! Supongo que, una vez con el cuerpo envuelto en algo que vale por encima de su gasto más elevado anterior, el cuerpo es invadido por una sensación de riqueza inexplicable, luego las neuronas excedentes al par son quemadas por esta codicia, dejando al sujeto en cuestión listo para ser un intento exitoso de una mezcla entre un fresa y un imbécil. Nacido del odio, encontré la fórmula mágica que creó una nueva raza, que poblará la tierra en su totalidad y se comerá a tus hijos mientras duermes, alegando que está de moda y que próximamente, cuando Hollister lance su ropa interior de marca, tendrán que utilizar los calzones por encima del pantalón para que todos puedan ver que los está usando, y que no es un ente retraído de todo lo que los medios y Dios dicen que es bueno.
No sé quien fue el inteligente que decidió modelar una playera de alguna de esas marcas por primera vez, pero si lo encontrara, tendría un par de palabras con él (antes de romperle la nariz "respetuosamente"). Estamos invadidos por las modas desde siempre, pero ahora sinceramente se está volviendo ridículo. Tengo la esperanza de encontrar una rebelión pronto, de personas que desean conservar su población cerebral intacta, utilizando el vestuario que más les gusta, cuando quieran y como quieran. Será una batalla sumamente impar, pero tengo la la seguridad de que los chicos modernos no harán nada, temiendo manchar sus carísimas playeras peleando.
Yo seguiré con mi racismo, demostrando mi odio hacia todo aquel que se convierta en un anuncio ambulante de ropa falsamente fina, siendo cruel y promoviendo movimientos pro quema de playeras de marca (bueno, eso no, sería la hoguera más cara del mundo y si me demandan no tengo con que pagar). Mientras tanto, si alguien sabe la manera de contactar, si existe, el mencionado grupo del párrafo anterior, le agradecería eternamente que me lo hiciera saber. En caso contrario, si compartes mi racismo y quieres hacer algo al respecto, únete y comencemos esta cruzada por un mundo libre de vestirse como quiera.
Me despido, tratando de tranquilizarme y de recibir alguna respuesta por mi confesión.
PD: Alguien me dijo una vez que estas marcas, en especial la aéropostale, son sumamente baratas en Estados Unidos, y que vienen a México a venderlas a un costo mucho mayor, ¿Saben si esto es cierto? Será la carcajada más grande que emitiré en mi vida.

La fila de las tortillas

Un día de estos, en los que no hay nada mejor que hacer que dedicarse a ser producto de gallina, me encontraba con mi mamá, viendo a mi hermano menor hacer fila para comprar ese producto de la canasta básica que cada día está más caro y que, por desgracia, los mexicanos no podemos dejar de consumir (será herencia milenaria o algo así, pero es la verdad). No es que no quisiera hacer fila, es que había algunas otras cosas que comprar y a él le correspondía dicha tarea. Pues bien, resulta que de la nada llegó un sujeto (un cincuentón sin mucha gracia: camisa, pantalón, sombrero; de ese modelo clásico del que hay centenares idénticos), y sin articular palabra se plantó en frente de mi hermano. Está por demás decir lo que todos los que divisamos semejante acto de impunidad pensamos, pero nadie atinó a hablar más que mi madre, que le preguntó irónicamente si él había llegado antes, a lo que el muy cínico respondió que sí, sin inmutarse. Es curioso, pero un acto tan sencillo y común puede significar tantas cosas, desde las más sencillas (como que el viejo se pudo haber ganado un buen trancazo... aunque sí se llevó una docena de insultos de propios y ajenos) hasta una que otra reflexión que va más allá de la comprensión de nuestro senil amigo aventajado. Por tal motivo, el día de hoy está dedicado a esa clase de personas, con mucho cariño y recuerdos para sus señoras progenitoras... pero más que nada, a la cultura y el modo de vida actual.
No sé quien fue el primero que tuvo la genial idea: vio a alguien del que pudiera sacar ventaja, ya fuera un lugar preferente en un servicio, obteniendo más dinero del que debiera... lo que sea, pero sintió el impulso, vio la oportunidad de hacerlo, y no lo pensó más de un segundo, se entregó al vil instinto y obtuvo lo que quería, mandando al diablo a una persona que, sea o no mala, ya perdió con algo que no debía ni temía. Así de simple, la tentación se propagó y ahora vivimos infestados de personas que, sin mucha lógica, valores ni temor de que cualquier ser superior le patee el trasero una vez que cuelgue los tenis, estafan a otros que consideran fáciles o débiles, se puede decir que ya hasta sin pensar. Es algo de todos los días, simple y llano, que nos ha venido haciendo en unas personas desconfiadas, incluso descorteses, lejos de la camaradería y amistad que, se supone, deberíamos de compartir. Nos lo hemos venido ganando, porque no dudo que alguna vez lo haya hecho incluso yo, ya fuera porque tenía prisa o creí necesitar algo más que otro, no estoy exento de esa maldición que cargamos por gusto propio.
Pero no tengo muchas ganas de criticar, hoy no (y eso sí que es raro). Quiero extender por este medio una invitación a todos a cambiar, a dejar de sentirnos mejores o con prioridades, a entender los valores de la verdadera amistad o, ya más llanamente, del convivir en sociedad, apegados a unas normas, tontas tal vez, pero al fin y al cabo normas. Solemos saltarlas porque vemos al de al lado hacerlo, sin notar que alguien cerca nos vio y lo ha tomado como suyo, creando una costumbre leprosa que se propaga como la polvora, mermando todavía más a una sociedad opoíde (me gusta llamarla así, lo siento) que se hunde por su propio peso. Pero podemos sacarla de ahí, si en lugar de mostrar el mal ejemplo hacemos lo contrario. Si vemos al de al lado cometer un mal, es más fácil suprimir el sentimiento de venganza inmediata, ir hasta él y hacerle notar su error (te juro que la vergüenza que sentirá, si tiene un mínimo, será un golpe directo al higado, suficiente para que la piense en una segunda ocasión).
Como personas, somos complejos y propensos a cometer los mismos errores, a caer en los mismos huecos. Pero, como las malas costumbres, un buen detalle a la vez, cada vez que lo recordemos, se va convirtiendo en una costumbre, y una costumbre buena lleva a otra, terminando en un decente modo de vida. Tal vez, incluso, puedes llegar a tocar a alguien más con tu manera de ser, e ir propagando otra especie de "pólvora mental", que contribuirá a crear un mejor mundo. Nada de "tienes el valor o te vale", de comercialismos baratos para exaltar un nacionalismo vacío, de pensamientos nobles para presumir que caen en costal roto. Tenemos que ir haciendo algo, por nosotros mismos, por las cosas que nos gustan y que queremos (aquel que pide seguridad, empleo y precios más bajos, pero contribuye a la inseguridad o provoca pérdidas en las tiendas... debería ser colgado de sus zonas blandas por hipócrita).
Hoy no traigo mucha imaginación, solamente una propuesta y algo de indignación... por lo que hasta aquí llego. Nos vemos el miércoles, quienesquieran que lean este pedazo de internet, y espero que no se anden colando en la fila de las tortillas... alguien los está viendo (puede ser la persona de atrás, puede ser Dios, puede ser un psicópata asesino con propensión a los buenos modales).

Nostalgia Cap. 13

XIII: Día De Recreación.
—Señor, confirmada presencia ajena en el complejo, ¿Desea proceder con rutina?
—Negativo, este día será especial, es el día de recreación.
El señor de la mansión avanzaba ondeando la larga túnica de finas telas por el pasillo, hacía la sala de control. Tenía cuatro intrusos más en el recinto, y le sobreexcitaba la idea de volver a enfrentarse a ellos, luego del malogrado intento de sus amigos que, por cierto, ya eran parte de su colección de “mascotas”.
En uno de los monitores, los vio dividirse en dos parejas, e inmediatamente reconoció al grupo, a pesar de no haberlos visto, como a sus amigos, en tanto tiempo. El que parecía el líder, uno pequeño de tez morena, no podía ser otro que el Allan de la escuela, que no superaba la moda del pañuelo de capitán. Otro de ellos, el más alto y con cara de tarado, también era altamente reconocible: Chaos, de la misma época, un inútil que rara vez acompañaba al equipo de la escuela por ser muy malo, aunque fue gran amigo de Falcon en su juventud. Otro de ellos era Josh, el novio de Marian, que seguramente se enteró del secuestro de su amada, y acudió al rescate como el más romántico patán, pues era sabido por todos que siempre le era infiel a la primera oportunidad. El último de los ingenuos se llamaba Carden, heredero de la familia Carasvle. Un rubio de excéntricos movimientos, y autoestima excelso. Sus clarísimos ojos eran un característico que lo hacía incontrastable ante las chicas de tiempos pasados, así como sus ropas modernas y su transitar cándido. No fue el último genio que dio la tierra.
—Señor, intruso no identificado en el ala este del complejo, ¿Acción a realizar?
—Cierra todas las puertas del pasillo, dirige al primer grupo al salón de ilusiones, al otro, envíalo a cualquier habitación sin ventanas. Nos aseguraremos de que no salgan.
—Positivo, acción en proceso.
Como Falcon lo mencionó, el primero de los grupos caminaba por un largo pasillo, donde las puertas se iban sellando conforme pasaban, abriendo solo aquellas por las que el sistema apetecía que pasaran. Ambos, Allan y Josh, tenían una noción de lo que estaba pasando con ellos, pero no hacían nada por evitarlo, pensando confiadamente que podrían con cualquier reto.
PIC.EXE los regía a placer, como ratones en busca del queso, hasta el aludido salón de las ilusiones. Incluso, para persuadirlos de sus ideas de ser controlados, envió algunos guardias de seguridad virtuales (como los que intentaron atacar a Sother) a atacarlos, para dejarse ser vencidos, y dar una falsa sensación de seguridad.
—Este lugar me sorprende, es como una enorme sala de tortura… —dijo Josh con mal disimulado miedo.
—Eres un inepto, no sé qué es lo que Marian ha visto en ti todo este tiempo —Allan no perdía oportunidad para marcar el infortunio que le causaba estar con el novio de su antigua amada. A grandes voces, siempre dijo que le encantaba Marian, y que no descansaría hasta que ella lo amara. Era un capricho tan grande como estúpido.
—¡No te atrevas a hablarme así! ¡Tú sabes que soy mejor que tú! ¡No te necesito para rescatar a mi querida Marian!
—Si no recuerdas, tú fuiste el último en enterarte, y si no hubiera sido por el inepto de Carden, ni siquiera estarías aquí —indicó Allan, remarcando el poco interés en su novia.
—Él es el único buen amigo que tengo. Además, si Marian hubiera necesitado ayuda, me hubiera llamado, no es tan tonta.
—No, el tonto eres tú, ¿Cómo va a hablarte si está secuestrada?
Antes de que el enfurecido torpe se lanzara contra su compañero, éste lo detuvo abruptamente, señalando una puerta frente a ellos, finamente adornada, lejana de la decoración restante. En su marco superior, se alcanzaba a leer con letras doradas “salón de ilusiones”.
—Bien, hasta aquí llega el camino que seguimos, ¿Quieres que entremos, inepto?— preguntó Allan, aprovechando el cambio de tema.
—Llegaré hasta donde sea necesario por mi chica —Josh dio el primer paso.
La puerta cedió fácilmente a sus manos, dejándolos internarse en la oscuridad de uno de los lugares predilectos del amo de la mansión, posiblemente el más portentoso, sólo superado por el salón ceremonial, donde tenía presos a sus amigos.
La luz se encendió por sí sola, viéndose finalmente en un salón finamente adornado, salido de una estampa victoriana. Finos asientos hacían juego con adornos dorados y pinturas de artistas reconocidos, montados en paredes refinadamente moldeadas. Era un monumento a la perfección renacentista, una perfecta reconstrucción de la gloria del pasado. Lo que no sabían ese par era que, enteramente, se trataba de una reconstrucción de la oficina de Destiny en la Pirámide.
De una de las muchas puertas que desembocaban ahí, para sorpresa de los dos invasores, entró el dueño de la mansión. Vestido con una larga túnica de descanso en tonos oscuros, su largo cabello le cubría gran parte del rostro, dándole más el aspecto de un fantasma que de un magnate. Sin poder salir de su repentino asombro, no se atrevían a mover ni los párpados, mientras que Falcon avanzaba con lentitud, y se sentaba en uno de los señoriales asientos, para sonreírles luego con descaro.
—Buenas noches caballeros, disculpen que no les abriera la puerta, pero ustedes mismos encontraron una mejor forma de entrar —su tono de voz era natural, a la vez misterioso.
—¡No nos vengas con estupideces, Falcon! Sabes a qué hemos venido, y te has entregado por tu propio pie, ¡Pero mira inepto que resultaste! —gritó Allan, ya cuando hubo corroborado que no venía Falcon con la policía.
—Pero que descortesía, no les he ofrecido nada a mis invitados, permítanme… —dijo, y, sonando una pequeña campana, se escuchó inmediatamente el crujir de otra de las puertas.
Cuando el par volteó, no cupo dentro de su sorpresa. Por su propio paso se acercaba Marian, cargando en sus manos una charola de plata con bocadillos, que dejó en la mesa de centro, para ir a sentarse al lado de Falcon.
—¡Mi vida! ¿Qué estás haciendo? —Josh no lograba comprender la situación.
—Eres tan inepto, Josh —Marian hizo uso de la típica frase de Allan, que no pudo evitar decir “te lo dije” —. ¿No es obvio? Todo el tiempo he estado aquí por mi propio gusto, al lado de Falcon.
—¡No te creo! Por todas partes se dice que Falcon te tenía prisionera, junto con otros tantos —Allan se resistía a creer.
—Tal vez fuera en un inicio, pero todos tenemos derecho a cambiar de opinión— dijo ella, con completa naturalidad.
—Ya escucharon estúpidos, no tienen un motivo para haber entrado a mi hogar. Márchense cuanto antes —Falcon fue determinante.
—¡Vas a venir con nosotros, Marian! ¡No sé qué te haya hecho este loco, pero yo te curaré! —Josh no pensaba irse con las manos vacías.
—Te he dicho que no, ¡Y será mi última palabra! —Marian se puso de pie.
—No hemos venido en vano, ¡Ven con nosotros! —Allan corrió con ella, y trató de tomar a la fuerza su brazo.
Cuál no sería su sorpresa al notar que su mano abanicó el aire, sin poder tocar la piel que veía. Fue entonces cuando Falcon se puso de pie, y dio la última palabra.
—Han caído completamente en mi trampa. Bienvenidos al salón de las ilusiones… —dicho esto, toda la habitación comenzó a difuminarse, junto con la pareja que les sonreía malévolamente.
—¡Hemos caído en una sala de hologramas! —gritaba Josh, lleno de pánico.
—Ya lo sé, inepto, dime algo que no sepa —era más el coraje que sentía Allan, pues ya toda luz se había apagado, y se encontraban en una oscuridad infinita, de la que no volverían a salir.
Para ese entonces, ya el otro par había quedado encerrados en una habitación sin mucho preámbulo. Ellos cuatro no fueron el último intento por salvar a los prisioneros, pero sí uno de los que más marcó a Falcon. Tuvo la oportunidad de aplastar a la pareja de Marian de una vez por todas, explotando todo el rencor que el silencio le había obligado a tragar en variadas ocasiones.
—Hemos concluido el día, mi querido mayordomo, fue tan divertido como lo pensaba, y de mucho provecho —dijo Falcon a su computadora.
—Afirmativo señor, ¿Desea realizar algún procedimiento contra los nuevos prisioneros?
—No, deja que la locura los consuma un par de días, ya luego los agregaremos a la colección. Por hoy, mi estimado, descansa.
Borrado de la existencia, Falcon una vez fue una criatura sanguinaria con el único deseo de vengarse de todos aquellos que alguna vez le hicieron daño. Cobró la sangre que le sacaron gota a gota, para derramarla sobre el manto donde una vez se limpió las lágrimas.
Ese día fue el único que Falcon sonrió en aquella época. Por un motivo cruel, fue una sinceridad que no volvió a reflejar hasta el mismo día de su muerte.

Rincón de lectura

Las vacaciones proporcionan mucho tiempo libre, más que el que muchas veces quisiera tener. En un principio, vi esto como una posibilidad para entregarme a los propósitos que la escuela no me permitía (o la distracción, el cansancio, la flojera, etcétera). Inexplicablemente, pronto descubrí un principio básico que hasta el momento me había pasado inadvertido: entre menos haces, menos quieres hacer. ¿Cómo puede ser esto posible? Fácil, el tiempo se pasa volando mientras tú no piensas en nada, lo que repercute en flojera, y flojera a largo plazo se convierte en días inútiles. De un modo u otro, las vacaciones se escurren como agua entre las manos si no las aprovechamos de alguna manera.
Pensando en ello, el otro día decidí tomar un libro. Hacía mucho tiempo que lo había leído, y no estaría de más darle una hojeada, pues los buenos libros pueden ser vistos más de una vez (precisamente ese es el encanto de un buen libro: no te aburre tan fácilmente). Así fue como me vino a la mente una idea que ya tuve hace mucho tiempo, pero que por azares del destino la olvidé: crear un rincón de lectura en el blog, a fin de fomentar un poco la lectura bajo las recomendaciones de su servidor (¿De quién más creías, ingenuo?).
Para no hacer la historia muy larga, hoy pretendo hablarles del libro que me encontré, del modo en que, en lo posible, se les antoje echarse un clavado para buscarlo y pasar un buen rato olvidados de este mundo. Estoy hablando de un clásico, uno de esos libros que basta su nombre como sello de garantía de que será algo más que letras hiladas. No sé si sea conocido (personalmente, no había escuchado del autor hasta que me fue obsequiado este libro... creo en un cumpleaños), pero si me preguntaran por él, lo recomendaría con creces, en especial para los que habitamos en este país con tan "especial" modo de manejarse (aunque hay muchísimos otros con los mismos problemas, por lo que no importa mucho). ¿Tienen una idea de lo que estoy hablando? ¿Les gustaría que me deje de tonterías y diga de una buena vez el nombre de dicha historia? Pues, sin más preámbulos, démosle una revisada a Rebelión en la granja, de George Orwell.
De nada más escuchar el título, yo pensé que se trataba de una fabula tonta que te enseñaría los valores básicos por medio de una burda situación que ya todos conocemos, otra historia de animales parlantes, pues. Nada más distante de la realidad. Comencé leyendo el prólogo, y me fui leyendo la biografía y gustos personales del autor en cuestión, los cuales encontré algo atractivos y que precisamente me iría encontrando algunos a lo largo de la obra que tenía entre manos. Luego paja y más paja, sobre lo que el tipo quiso decir y lo que no, algunos detractores que tuvo e incluso de que se murió el Sr. Orwell. Triste e inútil, así que me dispuse a leer, ahora sí, lo que era la historia.
En una trama que se queda entre corta y larga, la historia (sin dar muchos detalles para no arruinarla) trata, como el título lo dice, de una granja, ubicada en algún punto de Inglaterra, en la que un viejo cerdo tuvo un sueño de libertad en la que los animales se libraban de la mano opresora del hombre, y creaban un país donde reinarían sobre sus propias vidas, alimentándose y trabajando para su propio bien, y no el de los parásitos humanos, cuyo único fin era el de explotarlos y darles una vida de miseria. Sus palabras siembran un ambiente de duda, y la duda lleva al grupo a organizarse para llevar a cabo una rebelión, un evento sin precedentes para expulsar al hombre del campo que ellos trabajaban, y del que solamente ellos merecían obtener ganancias. Pero no todo es así de simple, pues una vez que los humanos son expulsados con éxito, viene entonces la imperiosa necesidad de establecer un orden, algo que les indicara el camino a seguir para no decaer de nuevo en las manos de sus enemigos, y más propiamente, para sobrevivir.
Aquí entra en la trama un papel que debemos tomar en cuenta: el del cerdo. Los cerdos se consideran dentro de la obra como los seres más inteligentes, los que toman en sus pezuñas el control de la granja una vez que los granjeros fueron expulsados, aunque en realidad fueron simplemente dos, de nombres Napoleón y Snowball. Ambos se convierten en los líderes totales de la denominada Granja Animal, aunque cada uno manteniendo posturas contrarias en cuanto a todo. Llegado a este punto, es inevitable hacer comparaciones entre la supuestamente infantil historia de Rebelión en la granja y la vida real. Ambos cerdos representan lo que vienen siendo los partidos políticos, facciones que siempre dicen querer el bien común, pero nunca lo buscan en conjunto. Mientras que uno alegaba que las prioridades eran la comida y el trabajo, otro buscaba la innovación de la granja a través de nueva maquinaria. Así de simple, y de una en una, la historia nos va envolviendo en una historia política que poco tiene de infantil si la vemos detenidamente.
Se ha dicho en innumerables ocasiones que Orwell dedicó esta obra como una escenificación de la revolución rusa, en la que el viejo Mayor (el cerdo que incitara a los demás animales a levantarse en armas) era una clara alusión a Carlos Marx, cuyos sueños incitan a los pobres y desvalidos a buscar una mejor calidad de vida. Por otra parte, Napoleón (que llegaría a convertirse en prácticamente el dictador de la granja, conforme pasa la obra) es la representación animal de Josef Stalin (además de que su nombre guarda una estrecha relación con aquel personaje de la revolución francesa, ¿Te acuerdas de su nombre?). Snowball, el cerdo inteligente e idealista que siempre busca soluciones para su nuevo hábitat, es un León Trotsky revivido. Hay otro cerdo importante en la obra, un pequeño gordo de nombre Squealer, quien es en realidad un personaje muy importante en la trama, pues es el que se encarga de dar toda clase de noticias a los animales, a los que creen estúpidos y manejan la verdad de una manera "conveniente" (para ellos). Se dice que Orwell se basó en el periodico Pravda para crear a este personaje.
Esos son solamente algunos de los simbolismos usados en esta fabula, que nos muestra claramente el funcionamiento de la mente en cuanto a asuntos de poder. Los cerdos idean una revolución buscando libertad, pero una vez lograda, van alterando los valores de esa misma libertad a su conveniencia, paso a paso, hasta terminar convirtiendo la Granja Animal en un país donde ellos mandan cual humanos. Llegan a extremos insospechados, convirtiéndose ellos mismos en burdas imitaciones de personas, cayendo en los mismos vicios y errores que los hicieron revelarse en un principio, pero manejándolos de una manera que los hiciera ver mejores, comparándose con el pasado oscuro (que ya muchos animales no recordaban, pero igual temían). Es simplemente un círculo inevitable (e innegable) de esta vida.
Orwell señala a los cerdos como seres inútiles, que no aportaban nada a la granja desde un principio, un simbolismo perfecto para convertirlos en los nuevos humanos. Utiliza a las ovejas como seres estúpidos que solamente repiten lo que se les dice. Ve a los caballos como nobles fuerzas de carga que se convencen fácilmente de lo que sea y que no renegaran por nada. Incluso hay un personaje que encarna perfectamente el papel de la religión en este idilio político, un cuervo que habla incesantemente de un lugar mejor al que se va al morir, y que, aunque moleste a los cerdos su presencia, le permiten quedarse sin realizar trabajo, meramente porque mantiene entretenidos y esperanzados a sus ya prácticamente esclavos.
Como pueden ver, se trata de una obra bastante completa. Personalmente le pondría un 8.5 de calificación, ya que cuenta con todo para hacernos pasar un buen rato, es de fácil digestión y no requiere de más de unos tres días para dar con un digno final que, aunque se espera desde un principio, es aún emocionante leerlo y comprender una pequeña lección al respecto. Creo que podemos aprender algunas cosas de este libro, especialmente que no hay que dejarse manejar por los cerdos que se creen sobre nosotros, y que toda búsqueda de libertad conlleva el riesgo de una nueva esclavitud.
Como bien dicta el prólogo de Charlotte Broad, el manejo de la historia se basa en un principio básico y sucio del ejercicio político: "Llevar a los demás a preferir lo malo de entre lo peor". Es el papel de Squealer, que altera la información y los números sabiamente, inflando a los animales la mente de buenas cosas, para que olviden que sus estómagos están vacíos y que trabajan sin cesas (¿Has visto eso en alguna parte? ¿Qué en todos los días de tu vida? Yo opino lo mismo).
Espero el día en que ocurra nuestra propia "Rebelión en la granja" en este país, y podamos finalmente sacudirnos de esos seres que se sienten encima de nosotros. Solamente tengo fe en que los cerdos que nos encabecen no terminen de la misma manera.
Me despido, esperando que hayan pasado un rato agradable... y que al menos le den una oportunidad al libro o a cualquier otro, el caso es nunca dejar de aprender.

Una tarde ociosa y no muy productiva

Como el título menciona, estaba hace poco perdiendo el tiempo sobre la nada, divagando entre un tema y otro ante la almohada, pensando en si era mejor el negro o el blanco. Nada. Nada llegaba a mi mente, excepto la sensación de inutilidad que a todos nos da de repente por el simple hecho de no aportar algo al mundo. Fue entonces cuando vino a mi mente una idea absurda, pero no menos que las de las grandes mentes que han moldeado el mundo actual a su antojo. ¡Sí! Había encontrado un propósito en la vida, algo que cambiaría la vida de miles y propagaría la felicidad mundial como pólvora, acabaría con el hambre y curaría la cruel comezón en la nariz que lo ataca a uno mientras tiene ocupadas ambas manos. Los milagros saldrían por las puertas y ventanas, y no habría un sólo niño triste sobre este cochino planeta... ¿Ya saben la grandiosa idea que se me ocurrió? Estaba en el camino de iluminación, con rumbo a crear mi propia religión.
¿Por qué no lo había pensado antes? En toda mi vida no ha habido una religión con la que me sienta plenamente identificado por más de un mes (todas presentaban el clásico periodo de "¡Oh, por Dios! Aquí debe estar la verdad... y luego mágicamente se esfumaba). En ese momento la respuesta me atravesó como un relámpago cayendo desde el cielo, pidiéndome a gritos que comenzara una cruzada contra la burla en que se ha convertido el mercado religioso actual. Ya me veía, arrasándolos con poderosos sermones de 35 horas que no llegarían a nada, pero que provocarían en la gente efectos devastadores y milagrosos. Ya lo podía ver: minusválidos levantándose de sus sillas y jugando maratones, ciegos admirando los bellos colores del mundo, mexicanos ganando el mundial... sería perfecto, y con ese toque de mercadotecnia que tienen mis demás competidores. Además, tomando en cuenta que a todas las demás les han salido errores conforme pasa el tiempo, una opción nuevecita y sin errores humanos sería inmaculada, libre de toda culpa, error o violador en potencia (porque eso sí, si crees que entrar al seminario es duro y que no cualquiera se atreve, ya verás lo que se sufriría para ser un emisario de mi congregación).
Primeramente pensé: ¿Nomás por mis polainas puedo inventarme una religión? Para resolver tan dura cuestión me remonté al año de 1517, el día en que Lutero colocó las celebres 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittemberg, desembocando finalmente en la creación de los pretextos que separaron la iglesia en sabrá Dios cuantas religiones, ya fuera porque no les gustaba la forma de mirar el papa, lo que se le ocurría escribir cada cierto tiempo o un montón más de ridiculeces que sinceramente no veo productivas (aunque, a decir verdad, en algunas cosas fue evidente la superioridad que se fueron adjudicando los distintos papas, pasando de vicarios de Cristo a representantes de él en la tierra, la mínima diferencia de la humildad a la divinidad). Si Lutero, basado en su inconformidad, causó tantos problemas y fundó su propia religión (a mí no me engaña, lo que quería era casarse...), yo puedo fundar la mía. Paso uno resuelto.
Lo segundo que vino a mi mente fue, como mencioné anteriormente, un paso básico de la mercadotecnia: ¿Quién compraría mi producto? (tengo que mencionarlo de alguna manera). Lo medité cerca de cinco segundos, luego cambié la cuestión a ¿Quién no compraría mi producto? Durante muchas entradas he analizado la manera de pensar de la sociedad respecto a distintos objetos y situaciones, lo que me sirve de respaldo para asegurar que, si estoy vendiendo opio auditivo y milagros de puerta en puerta, es irresistible para las personas de este mundo no dejarse llevar... disculpen, replantearé mi hipótesis: a la sociedad le gusta lo que le dan los medios de comunicación a todas horas, lo que hablan los predicadores de cualquier índole sobre el fin del mundo y el amor fraternal, incluso los regaños y castigos de un dios que ve todo lo que haces y que te pateará el trasero por el resto de tu vida (perdónenme, pero eso no es un dios). Si le damos a la sociedad lo que le gusta, en forma de salvación, con un mensaje bonito y uno que otro mandamiento absurdo (lo que sea para distinguirnos de los demás), será un éxito seguro, proporcional al alcance de la propaganda. Punto dos, asegurado.
Tercera y última parada en nuestro camino a la iluminación: El mensaje. Necesitaba algo novedoso, no visto antes por los eruditos en la materia, algo que me distinguiera de las demás opciones y que, al verlo, te hiciera decir "Yo quiero ser parte de ese rebaño", para que luego yo te dijera "No eres una vaca, y este no es rebaño, menso"... perdón, me distraje (primera regla de la nueva religión: si no sabes distinguir una metáfora de lo real, ni se te ocurra presentarte). Necesitaba un llamado poderoso, ya fuera en forma de un flamante libro de chorrocientas hojas, un profeta salido de la nada o el testimonio de nuestra primera santa... no, eso último no, no confío en otras personas... ni en los santos tampoco. Estaba por echarme para atrás llegado a este punto, cuando tuve un momento súbito de iluminación: ¿Para qué buscar un mensaje en el mundo, si podía inventarlo? ¡Eso era! No sería el primero ni el último, y tomando en cuenta la infinidad de errores cometidos por mis precursores y que han sido pasados por alto, es más que confiable decir que podría adjudicarle poderes mágicos a una cabra y más de un centenar se lo creería... pero no ha llegado el día en que se me alebresten tanto las neuronas, así que decidí aterrizar mis teorías, basándolas en las de otras iglesias, pero eso sí, con un toque diferente que me diera originalidad y a la vez algo de sentido. Los puntos quedaron de la siguiente manera:
  • Si en la religión mormona te prohíben tomar café bajo el pretexto de que lo creen una droga, en mi iglesia se prohibirá, bajo riesgo de pasar la eternidad en un lugar oscuro y feo (algo así como México, pero con un poco más de políticos), que consumas pepinillos y aceitunas, ¿Por qué? ¡Porque no me gustan! Huelen feo y tienen un sabor muy ácido. Es un pecado mortal semejante atrocidad... aunque perdonable si veneras al té helado y algún otro alimento sagrado que se me ocurra después.
  • Si al papa León X le creyeron lo de las indulgencias, en mi nueva iglesia tendré la salvación como un producto, pero seré más consciente, y en lugar de venderla la rifaré. Bajo una módica cantidad podrás comprar un billete de lotería, y cada cierto tiempo rifaremos un boleto a la vida eterna. Eso sí, si no asistes a la rifa, pierdes automáticamente.
  • Si los testigos de Jehova fueron capaces de adaptar la biblia a sus necesidades, entonces yo haré lo mismo: quitaré toda hoja que diga algo con lo que no esté de acuerdo, que no me guste, me aburra, no le vea el caso o simple y llanamente no le entienda. Así, dejaré un libro santo de veinte hojas que cualquiera podrá entender y obedecer, pero le venderé además una serie extra de "otros libros santos avalados por las gónadas de la iglesia", donde se incluirán "los mil y un hábitos a la hora de ir al baño", "Facebook: el demonio en blanco y lila" y "dale todo tu dinero a la iglesia, es divertido". Cada cierto tiempo saldrán nuevos ejemplares que deberás comprar, a menos que estés dispuesto a pasar la eternidad en el infierno.
  • Si Ellen White, creadora de los adventistas del séptimo día, se aventó varios desatinos tratando de predecir el fin del mundo, y luego de equivocarse la siguió su iglesia todavía, yo dictaré el fin del mundo cada martes, ya que es un día feo. En caso de que me equivoque, ¡No habrá problema! Las personas me seguirán queriendo aunque diga que la gente afroamericana es una especie de animal (a ella se lo pasaron, no veo porque a mi no).
  • Buda se pasó la mayor parte de su vida supuestamente sentado entre dos árboles, meditando la inmortalidad del cangrejo, y aun así estaba más gordo que un miembro de un concurso de comida, ¿Cómo explicas eso? En mi religión, podrás entregarte a la flojera bajo el pretexto de meditación, siempre y cuando en verdad estés meditando, no escondiendo una pierna de pollo debajo de tus piernas.
  • Los musulmanes pretenden alcanzar la inmortalidad y una bola de vírgenes matando a los que creen infieles... eso no tiene sentido ni manera de cambiar. Pongámoslo de esta manera: si matas, te matamos.
  • David Koresh se inventó una religión de la nada, reunió una serie de personas en un granero y luego incitó a un suicidio colectivo sin una razón lógica más allá de la salvación... suena convincente, incluso hubiera sido una buena manera de hacerse rico, si él no hubiera muerto también.
  • Volviendo a los mormones, cuentan con un profeta gringo cuyo nombre es más común que Juan Perez en nuestro país (Joseph Smith), el cual hizo tantos mandatos tan peculiares, que me tomaría una entrada completa encontrarle sentido, pero me limitaré a algunos que me llaman la atención, dignamente imitables: solía decir que el hombre vino al mundo a traer hijos, y que la mujer era simplemente el medio para lograrlo, por lo que un hombre podía tener cuantas mujeres quisiera... me gusta para mi iglesia, llamémoslo un mandamiento, y dictará: "cuantas puedas tener y mantener".
  • Otra ocurrencia del profeta Smith fue escribir algunos libros (cuando no). Lo curioso en esto es que, según los expertos y una pequeña hojeada de mi parte, están pésimamente mal escritos. Vaya, eso me motiva a escribir como conejo, sin cuidar ortografía/gramática/coherencia, solamente con el fin de entregar el nuevo evangelio a mis creyentes, que si bien nomás tienen los libros, pocos se preocupan de leerlos y cuidar esas pequeñeces.
  • Los adventistas del séptimo día deben su nombre a que veneran y defienden a muerte el día sábado, ¿Motivo? Según el Génesis, es cuando el Señor descansó luego de crear el mundo, y en innumerables pasajes se le denomina "el día del Señor". Personalmente no me importa el día de adoración, considerando que a Dios no le importa cuando lo hagamos, simplemente que lo hagamos con el corazón, pero por mero capricho declaro el día viernes como santo... toda persona que no esté tirándola a dos manos en ese día corre riesgo de excomunión.
  • Los testigos de Jehova tienen la mala costumbre de enviar meseros de puerta en puerta, en parejitas, a atosigarte la vida con sermones y revistas fatalistas sobre el fin de los días y lo mala persona que eres. Pues bien, para que tengan algo de competencia estos vendedores ambulantes, mis feligreses estarán obligados a caminar de casa en casa, diciéndoles mentirosos a éstos primeros y desesperándolos al borde de que tengan que marcharse (te aseguro que me lo agradecerás luego).
  • Si la iglesia católica fue capaz de crear la Santa Inquisición para eliminar a la competencia bajo cualquier pretexto barato, cuando yo cuente con el dinero necesario contrataré un ejército de sicarios y de black metaleros para que hagan lo que mejor saben hacer... se los dejó de tarea.
  • Un imberbe llamado Rony Chavez suele crear guías proféticas cada año, diciendo ser un profeta y siempre alegando que tal o cual año será el mejor de nuestras vidas y que todo será perfecto... por supuesto que nunca se cumplen sus predicciones, pero el tipo simplemente no se rinde. En mi caso, declararé que a cada día sucederán catástrofes mundiales, hecatombes inevitables y se le caerá el pelo a los animales... así, en caso de que no sucedan, será considerado un milagro, y tendrás que creer en la milagrosa iglesia que salvó tu trasero y la cabellera de tu mascota.
Podría seguir diciendo incoherencias por el resto de mi vida, siempre van a haber errores en las iglesias. Para concluir mi aventura en la creación de una religión, he de decir que, luego de pensar tantas incoherencias, decidí que me aburriría pronto y tendría que incitar a un suicidio colectivo para que mis feligreses dejaran de acosarme cuando todo lo que quisiera hacer fuera dejarlo atrás y volver a ser una persona normal, que ama a Dios pero no cree en los hombres ni en su palabra. Pensando en ello, decidí dejar al mundo en su nubarrón de ideas inútiles, que le hacen dar dinero ciegamente a desconocidos y ver la Rosa de Guadalupe para presenciar el único milagro palpable inventado por el hombre. Sobrevivirás sin mi perfecta religión, es cuestión de que comiences a pensar un poco por ti mismo y decidas lo que es mejor para ti, y entonces podrás hablar para un grupo. Triste, pero cierto... mientras hayan intereses de por medio, nada será transparente, así estemos hablando de nuestro paradero celestial (en el cual ni me meto, no suelo pensar en el próximo paradero de mi alma... ni siquiera en lo que haré mañana).
Me retiro, aclarando en primer lugar que esto fue solamente para pasar el rato, no busco ofender a ninguna religión ni mucho menos (algunas se ofenden solas con ciertas creencias, otras simplemente se quedaron en la edad media), pero bueno, espero que hayan pasado un rato agradable leyendo esto, y que, si piensas emprender la próxima guerra santa contra mi iglesia, lee dos veces la siguiente parte: "NO VOY A INVENTAR NADA".
Ya me aburrí de decir mentiras, así que nos vemos el miércoles.
PD: Si todavía piensas venir a matarme por lo que dije, necesitas replantear tu administración del tiempo libre.
PD2: Si quieres ser tú el impulsor de esta nueva religión que no nació, avísame para ponernos de acuerdo, y tal vez seamos los propulsores de la próxima salvación mundial.
PD3: No habrá PD4.
PD4: Te dije que no habría PD4.